Pegu Jurado

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Imagen oficial de Anthropic para el lanzamiento de Claude Fable 5 y Claude Mythos 5.

Claude Fable 5 y la burbuja de la IA que se pospone otra vez

Hoy ha salido Claude Fable 5 y, sinceramente, cada vez es más difícil mantener una opinión tranquila sobre la «burbuja de la IA».

Uno intenta ser prudente. Mira los benchmarks con distancia. Se dice a sí mismo que esto ya lo hemos visto antes, que quizás hay demasiado ruido, demasiada valoración, demasiada euforia con chaleco de Patagonia y una hoja de cálculo abierta. Todo bastante razonable. Todo muy adulto.

Y entonces aparece Anthropic con Claude Fable 5, un modelo de clase Mythos preparado para uso general con salvaguardas, y Andrej Karpathy, que acaba de incorporarse a Anthropic, lo celebra como un salto cualitativo real. No solo mejores números. No solo otra tabla para que LinkedIn se ponga intenso. Algo más incómodo: la sensación de que el modelo aguanta mejor las sesiones largas, entiende tareas más ambiciosas y empieza a trabajar con menos microgestión.

Muy cómodo todo para los que queríamos pasar una semana sin replantearnos el futuro del software.

El dato no es solo el benchmark

Anthropic presenta Fable 5 como su modelo más capaz disponible de forma general. Según la compañía, supera a sus modelos anteriores en tareas de software, trabajo de conocimiento, visión, investigación científica y contextos largos. También introduce una idea importante: cuando detecta consultas sensibles en áreas como ciberseguridad, biología, química o intentos de destilación, puede derivar la respuesta hacia Claude Opus 4.8.

Es decir: Fable 5 no es exactamente «abrimos la jaula y que sea lo que Dios quiera». Es más bien: sacamos el modelo potente, pero con una valla alrededor. Una valla que, según Anthropic, está calibrada de forma conservadora y puede saltar de más en algunos casos. La típica situación en la que un modelo nuevo parece brillante, pero también te recuerda que seguimos construyendo tecnología de frontera con cinta de carrocero en algunas esquinas.

El hermano menos domesticado es Claude Mythos 5: el mismo modelo base, pero con menos salvaguardas en algunas áreas y acceso restringido a organizaciones concretas, especialmente dentro de Project Glasswing. Para el resto, Fable 5 es la versión pública.

La pregunta interesante no es si el modelo gana una tabla. La pregunta es cuántas cosas que antes no merecía la pena construir empiezan a merecerlo.

La paradoja de Jevons, pero con dashboards

Para mí, aquí está el punto importante. Si crear software funcional cada vez cuesta menos, no vamos a pedir menos software. Vamos a pedir mucho más.

Es la paradoja de Jevons aplicada al código. Cuando una tecnología hace que un recurso sea más eficiente, el consumo total de ese recurso no tiene por qué bajar. A menudo sube. Si la energía se abarata, usamos más energía. Si el transporte se abarata, viajamos más. Si crear pequeñas herramientas internas se abarata, de repente aparecen cien herramientas internas que ayer parecían una tontería.

Explicadores para clientes. Visualizadores para datos que antes vivían en un Excel triste. Paneles internos para un equipo de cinco personas. Suites de pruebas multiplicadas por diez porque ahora no cuesta una tarde entera escribirlas. Pequeñas aplicaciones a medida para un proyecto concreto. Automatizaciones que antes se quedaban en «estaría bien tenerlo» y ahora entran en la categoría peligrosa de «lo montamos esta tarde».

Ese es el cambio. No solo mejores modelos. Más apetito.

El software que no pediamos porque salia caro

Durante años hemos tenido una especie de filtro económico invisible. Muchas ideas no llegaban a Jira, ni a una reunión, ni siquiera a una nota seria, porque todo el mundo sabía que no compensaban. Un panel para entender mejor un proceso concreto. Una app interna para una casuística rara. Un simulador para explicar una decisión. Una herramienta para limpiar datos de una forma muy específica.

No eran malas ideas. Eran ideas demasiado pequeñas para el coste tradicional del software.

La IA está tocando justo ahí. No elimina la necesidad de producto, criterio, seguridad, pruebas o supervisión humana. De hecho, en producción no conviene dejar de mirar el código por completo, por muy tentador que sea. Pero baja el coste inicial de intentar cosas. Y cuando baja el coste de intentar cosas, el número de cosas que intentamos sube.

Ese movimiento puede ser más relevante que el benchmark concreto de esta semana. Porque un benchmark se supera. Una nueva expectativa de trabajo se queda.

Entonces, ¿hay burbuja?

Claro que hay exceso. Hay empresas vendiendo automatización como si hubieran descubierto el fuego. Hay demos que funcionan mejor en una keynote que en una pyme con tres ERPs, dos cuentas de correo compartidas y un archivo llamado «definitivo_final_v7.xlsx». Hay valoraciones que harían sudar a un notario.

Pero también hay una realidad incómoda para el diagnóstico fácil de «esto es todo humo»: cada pocos meses aparece una mejora que amplía lo que se puede pedir a un sistema de IA. Más contexto, más autonomía, mejor código, mejor visión, mejor capacidad de aguantar una tarea larga sin perderse a mitad del pasillo.

Así que si hay burbuja, hoy toca posponer un poco el funeral. Otra vez. Que tampoco pasa nada: algunos llevan anunciándolo con tanta puntualidad que ya casi forma parte del calendario editorial del sector.

La lectura práctica es más sencilla: la IA no está haciendo que necesitemos menos software. Está haciendo que nos demos cuenta de cuánto software queríamos y nunca nos habíamos molestado en pedir.

Y para las empresas, especialmente para las pymes, esa es la parte que importa. No hace falta obsesionarse con usar cada modelo nuevo el día que sale. Pero sí conviene entender la dirección: cada vez será más razonable construir herramientas pequeñas, específicas y útiles alrededor de procesos reales.

Primero ordenar datos, permisos, correo y documentos. Despues automatizar con criterio. Y luego, cuando el software cueste menos de pedir, tener bastante cabeza como para pedir el software correcto.

Porque esa es la parte graciosa de esta supuesta burbuja: cuanto más se abarata construir, más difícil se vuelve no construir nada.


Fuentes: anuncio oficial de Anthropic sobre Claude Fable 5 y Claude Mythos 5, guía de modelos de Claude y contexto sobre la incorporación de Andrej Karpathy a Anthropic.

Si quiere empezar por la base antes de correr detrás de cada modelo nuevo, puede leer también: El primer paso para convertir tu empresa en IA-first.

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Por qué necesitas entrenar tu cerebro en la era de la IA

Matamos el esfuerzo y luego pagamos por simularlo.

Esta frase me persigue desde que la leí. Es una de esas verdades que, una vez vista, es imposible de ignorar. Resume a la perfección una de las paradojas más extrañas de la vida moderna.

Durante el 99.9% de la historia humana, el esfuerzo físico no era algo que se buscaba en una app. Era la condición indispensable para seguir vivo. Cazar para comer, construir para refugiarse, huir para no ser cazado. Nuestros cuerpos evolucionaron para ser máquinas de movimiento eficientes, esculpidas por la pura necesidad.

Y entonces, en un abrir y cerrar de ojos a escala evolutiva, lo cambiamos todo. La Revolución Industrial y la posterior revolución digital nos regalaron un mundo de comodidad. Automatizamos el campo, las fábricas y, finalmente, nuestros propios hogares. El esfuerzo físico se volvió opcional.

¿Nuestra solución a este nuevo sedentarismo? El gimnasio.

Un espacio artificial, climatizado y lleno de máquinas diseñadas para simular, de forma aislada y controlada, los movimientos que habíamos desterrado de nuestra vida cotidiana. Empezamos a pagar por el privilegio de levantar objetos pesados y caminar sin ir a ninguna parte. Es, a la vez, una genialidad y un absoluto disparate.

La Historia se Repite, pero esta vez va a por tu Cerebro

Creíamos que la comodidad era el destino final, pero ese patrón de «automatización-simulación» no se ha detenido. De hecho, estamos viviendo en directo su siguiente y más profunda fase.

La Inteligencia Artificial está aquí, y está empezando a hacer por nuestro cerebro exactamente lo que las máquinas hicieron por nuestros músculos.

Tareas que hasta hace nada definían el «trabajo del conocimiento» se están volviendo opcionales. La IA puede redactar un email, analizar un set de datos, generar un borrador de código, resumir un libro o incluso crear una estrategia de marketing. El «esfuerzo mental» rutinario, ese que nos mantenía cognitivamente ágiles, empieza a ser delegable.

Estamos entrando en la era del sedentarismo cognitivo. Un estado de comodidad mental donde las respuestas están a un prompt de distancia y el músculo del pensamiento profundo corre el riesgo de atrofiarse.

Es Hora de Abrir un Gimnasio para tu Mente

Si la respuesta a la automatización del cuerpo fue el gimnasio físico, la conclusión es inevitable: necesitamos urgentemente un gimnasio para la mente.

No hablo de un lugar físico, claro. Hablo de un conjunto de prácticas y hábitos deliberados diseñados para entrenar las habilidades que la IA no puede replicar, y que nos definirán como humanos en el futuro. Un espacio mental donde fortalecemos nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos, no porque sea necesario para una tarea, sino por el bien de mantenernos lúcidos, críticos y creativos.

¿Y cómo es la rutina de entrenamiento en este gimnasio? No se mide en series ni repeticiones, sino en profundidad y desafío.

Objetivo: Hacer la rutina de ejercicios mentales visualmente atractiva, clara y aspiracional.

Tu Nueva Rutina de Entrenamiento cognitivo

  •  Levantamiento de Pesas Literario: Lee libros que te desafíen. No los que te resumen en un blog o un vídeo de 10 minutos. Sumérgete en ficción compleja, en ensayos filosóficos densos o en biografías históricas. El esfuerzo de seguir un argumento complejo durante cientos de páginas es el equivalente a una sentadilla para tu capacidad de concentración.
  • Cardio Creativo: Aprende una habilidad «inútil». Toca un instrumento, aprende a dibujar, practica la caligrafía o intenta escribir poesía. Estas actividades crean nuevas conexiones neuronales y te fuerzan a resolver problemas de formas no lineales, algo que la IA, entrenada en la eficiencia, no hace.
  • Sparring Intelectual: Ten conversaciones profundas y difíciles. Debate sobre ideas, no sobre personas. Busca activamente puntos de vista opuestos a los tuyos y trata de entenderlos genuinamente. Defender tus ideas y adaptarlas frente a argumentos sólidos es un entrenamiento de agilidad mental de élite.
  • Estiramiento de la Paciencia (Aburrimiento): Deja espacios en tu día sin estímulos. Guarda el móvil y simplemente siéntate, camina o mira por la ventana. El aburrimiento es el caldo de cultivo de la introspección y la creatividad. Es en ese vacío donde tu mente, por fin, empieza a hablar consigo misma.

La Elección es Nuestra

La tecnología nunca es el problema; la cuestión es cómo la usamos. La IA puede ser una herramienta increíble para liberarnos del tedio y potenciar nuestras capacidades, o puede convertirse en el sofá más cómodo en el que nuestro cerebro decidió atrofiarse.

La pregunta que debemos hacernos no es qué hará la IA por nosotros, sino qué haremos nosotros para seguir siendo indispensables. En un mundo donde pensar puede ser opcional, la decisión de seguir haciéndolo será el acto más revolucionario de todos.

¿Y tú? ¿Ya has empezado a entrenar?

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¿De quién es tu dispositivo cuando lo usas para todo?

Durante años, existía una línea clara: lo profesional se quedaba en la oficina, y lo personal era sagrado. Hoy todo eso es historia. Trabajamos desde el móvil, respondemos correos del trabajo desde el iPad en el sofá, y usamos licencias personales de IA para sacar adelante tareas profesionales. ¿Estamos cruzando límites sin darnos cuenta?

En mi caso, como muchos emprendedores, he tenido que usar lo mismo para todo. Una mezcla de comodidad, velocidad… y caos. Pero con la llegada de la inteligencia artificial, esto ya no es sostenible. Porque la IA no distingue si está aprendiendo de tu agenda de trabajo o de tus notas personales del domingo. Lo absorbe todo. Aprende de todo. Y ese todo es lo que empieza a generar preguntas incómodas.

¿Deberíamos entonces tener solo dispositivos personales, en los que todo fluya? ¿O todo debería pasar por lo corporativo, como si cada pensamiento tuviera que ser validado por un sistema central?

La realidad es que lo que necesitamos no es elegir uno u otro. Necesitamos convergencia. Sistemas que nos permitan tener una vida digital unificada pero consciente. Donde la IA entienda cuándo está actuando como tu aliado creativo personal, y cuándo como tu ayudante de empresa. Donde los datos se compartan con responsabilidad, y cada usuario sepa qué información está alimentando a qué modelo.

El ordenador central del futuro no será un superdispositivo. Será un sistema con capas. Uno que combine tu identidad personal y profesional sin confundirlas. Uno que no trabaje para ti, sino contigo.

Porque el verdadero dilema ya no es qué licencia usas. Es quién está aprendiendo de ti y para qué.

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